El diálogo y las conversaciones colectivas son una herramienta esencial para la evaluación participativa. Permiten elevar la calidad del vínculo y la relación humana que establece la o el evaluador, para preparar y coordinar acciones propias de la metodología de evaluación, y para facilitar los procesos colectivos de intercambio propios de la evaluación participativa.
Concebir la evaluación como un proceso participativo y de aprendizaje, nos lleva a valorar el intercambio de saberes, perspectivas, experiencias y creencias de las personas que participan del proceso de evaluación, y a la vez a agudizar la escucha de las diferentes voces, con una actitud abierta, horizontal y respetuosa. Nuestro ser y nuestra actitud en el abordaje del diálogo y la conversación de evaluación marcan el clima y la atmósfera en el que se realiza la evaluación.
En este sentido, quien facilita un proceso de evaluación necesita desarrollar competencias para el diálogo y el desarrollo de conversaciones colectivas, que le permitan crear el espacio emocional básico para que la conversación transcurra de manera fluida y amena, donde se construyan debates y reflexiones, que eviten viejas y estériles discusiones, y logre comprometer más a las y los participantes, en el proceso de evaluación y el sentido de la misma.
Cuando evaluamos procesos participativos debemos estar atentos a nuestro modo de comunicar. No podemos considerar nuestras percepciones particulares, nuestros juicios, como verdades absolutas. Es necesario tener presente que nuestra palabra tiene poder y toda conversación de evaluación implica la emisión de afirmaciones, declaraciones, pero sobre todo de juicios, y esto marca un tipo de relación particular entre quien emite el juicio y quien que es coparticipe de la acción que ha sido juzgada.
Es necesario hacernos consientes de que al emitir un juicio, este habla más de las expectativas y maneras particulares de observar de quien lo emite, y menos del hecho objeto de juicio, ya que los seres humanos vivimos mundos interpretativos, y con lo que expresamos, creamos realidades interpretativas que direccionan el curso de acción del proceso de evaluación.
Recordemos que toda conversación de evaluación tiene implicaciones, que nuestros actos de habla generar realidades particulares, facilitadoras u obstructoras del propio proceso de evaluación, y las posteriores acciones de mejoras a implementar. Es necesario asumir la responsabilidad de formarnos como facilitadoras o facilitadores de procesos participativos de evaluación, y desarrollar recursos personales para el diálogo y el desarrollo de conversaciones colectivas.