Por: Gladys Yamelicse Quintero
En días reciente en un programa de formación de facilitador@s, luego de un ejercicio en el que pedíamos facilitar una breve experiencia con los recursos mínimos disponibles en el espacio, un facilitador en proceso de formación, expresaba lo difícil que le resulta trabajar sin video been. Su reflexión sobre la dependencia de estos instrumentos, permitió desarrollar con el grupo una reflexión colectiva muy interesante, sobre la importancia que tiene fortalecer nuestras capacidades para gerenciar efectivamente los recursos disponibles con el sistema que estamos trabajando.
Esa conversación tan productiva, me recordó mucho está vieja experiencia. La foto que les comparto, es de un taller que facilité hace algunos años, para una cooperativa de servicios fúnebres en el Delta del Orinoco, con sede en el Cementerio del Municipio Tucupita. Como pueden ver en la foto, estamos en el medio del campo, la vegetación selvática de fondo, al lado la carretera de tierra que conduce al centro del cementerio, una pizarra de pie en el piso y nuestro grupo de trabajo ubicado en la capilla del cementerio. Ajustamos la logística a las necesidades reales del grupo y habilitamos este espacio disponible para trabajar, en la capilla de velatorio, siiii!, donde prestan el servicio de velatorio a las personas que han fallecido.
Recuerdo con mucha alegría aquella extraña experiencia, en la que aprendí de esta valiosa labor funeraria, al tener que clarificar los procesos asociados al servicio que prestan y construir colectivamente una estrategia que permitiera un mejor flujo de sus procesos organizacionales. Pero sobre todo, aprendí mucho sobre lo que significa asumir como facilitadora, los retos que implican centrar el proceso en las personas y en la realidad específica vivida por quienes participan en el proceso.
La estrategia central para el fortalecimiento de esta organización, fue trabajar con los recursos disponibles, desde sus capacidades, desde la realidad real y específica. Lo más importante, fue ajustar los recursos que necesitamos para facilitar el logro de los objetivos previstos en la sesión, con la gente y desde la gente.
El diseño y los materiales didácticos, así como los ejercicios y dinámicas, deben ajustarse a la realidad, al contexto, y al nivel de desarrollo del grupo, para que sean pertinentes al logro de los objetivos. Como facilitadoras o facilitadores debemos estar preparados en estos casos, para hacer uso de recursos simples, visuales, gráficos. Es importante recordar que en algunos casos nos puede ocurrir que no contemos con electricidad y mucho menos con equipos de computación o video been.
Es necesario planificar, pensar detenidamente el diseño del proceso, quizá con mayores niveles de flexibilidad. Estar preparados para imprevistos, pensar alternativas didácticas que nos permitan alcanzar los objetivos con el grupo de trabajo es central.
Mantener el ritmo apropiado es un aspecto central, el tiempo que un grupo puede sostener efectivamente la atención, en un espacio abierto, en el que además hace mucho calor, demanda un ritmo diferente al que podemos tener en un espacio cerrado con aire acondicionado o en otras condiciones.
Atender la energía del grupo, la dinámica propia cultural de la localidad, implica un trabajo previo, pensando y planificando, para optimizar el tiempo disponible con el grupo.
En este caso, fue clave adaptar la dinámica del proceso de facilitación al contexto, haciendo uso de los recursos reales, lo que permitió un rápido desarrollo de la confianza, y por otro un sentimiento de respeto y valoración por el potencial de un grupo emprendedores en medio de un contexto poco favorable para impulsar esta la empresa social.
Un recuerdo jocoso, es que acordé con las y los participantes, hacer recesos de 20 minutos, cada vez que pasaba un cortejo fúnebre, por respeto a los deudos, y a la vez para dar tiempo a que algunos de las y los participantes, atendieran asuntos propios de la dinámica de esta organización tan particular. Confieso que era más difícil para mí levantar mi energía para continuar, que al propio grupo, que actuaba como si nada, ya que aquella dinámica de trabajo con la muerte era parte de su cotidianidad.
Puedes estar pensando, que esto es un caso extremo. Pero yo nunca me imagine como facilitadora trabajar en un cementerio, ni facilitar en una capilla diseñada para velar un muerto y me ocurrió. Lo importante, es prepararse, y desarrollar las propias competencias, para enfrentar los retos que nos demande la realidad, especialmente si facilitamos en contextos sociales vulnerables o que han transitados por situaciones psicosociales complejas.